Restaurantes en cuya carta sobresalen los pescados y mariscos,
variados bares de copas y cafés abiertos las 24 horas copan este
animado enclave.
La vida nocturna en Ciutadella tiene por escenario un pintoresco puerto que alcanza
un kilómetro de longitud. Aquí se encuentra la mayor oferta de
restaurantes, bares y discotecas de la ciudad y es un lugar animado a cualquier
hora del día.
El Port de Ciutadella conserva el encanto y la elegancia de épocas pasadas.
Se ubica a los pies de las murallas que antiguamente rodeaban esta ciudad aristocrática
y señorial, reconstruidas durante los siglos XVI y XVII después
del brutal ataque de los turcos en 1558.
Hoy, esta bocana de un kilómetro de longitud, donde se balancean en los
amarres barcos de distinto calado, desde los pequeños y típicos llaüts a
modernas embarcaciones de recreo, reúne la mayor y más variada
oferta de ocio de la ciudad.
Aquí se encuentra, por ejemplo, el restaurante del Club Nàutic
de Ciutadella, uno de los lugares de mayor tradición de la localidad.
En su carta reinan los pescados y mariscos que los pescadores recogen diariamente
en sus barcas; entre las diferentes opciones sobresale la sabrosa caldereta de
langosta. También hay otros lugares muy reconocidos en el ámbito
gastronómico, como Can Manolo, donde igualmente son protagonistas los
pescados y mariscos del litoral menorquín: escopiñas, arroces caldosos,
gambas a la plancha...
En todos los restaurantes alienados a lo largo del Port destaca la calidad y
frescura de los productos, a lo que se añade el encanto de este lugar.
La mayoría tienen terraza, separada de los amarres apenas unos metros,
lo justo para dar cabida a un paseo transitado continuamente por personas que
caminan distendidas admirando la belleza y combinación de elementos.
Pero no sólo hay restaurantes. En el Port se encuentran algunos de los
bares más concurridos del lugar, como el bar Tritón, abierto prácticamente
las veinticuatro horas del día y donde cada mañana acuden a desayunar
los pescadores cuando vienen de faenar. Otro tanto puede decirse del Café Balear;
aquí son los propios propietarios quienes salen a buscar el pescado y
marisco al mar.
A lo largo del kilómetro de longitud que tiene el Port de Ciutadella existen
toda una extensa oferta de bares, restaurantes y discotecas. Los aficionados
al jazz, por ejemplo, pueden disfrutar visitando un auténtico santuario
dedicado a esta música. Se llama Sa Clau y está habilitado en una
antigua cueva donde pasaban el invierno las barcas.