Se encuentra a poca distancia de Maó y cerca de
cala Sant Esteve
La devoción de los maoneses por la Virgen de Gracia es ancestral. Prueba
de ello es que en 1535, tras el saqueo de Barbarroja, la ermita que alberga su
imagen fue restaurada con limosnas de los fieles. El templo se encuentra a poca
distancia de Maó en el camino a cala Sant Esteve, donde unas cúpulas
entre cipreses presagian la belleza de este recinto espiritual.
Nuestra Señora de Gracia se levanta junto al trayecto de la antigua calzada
romana, que unía la ciudad de Maó con cala Sant Esteve. Algunas
fuentes señalan que en el año 418 ya existía en este lugar
un convento de agustinos, aunque la actual ermita se edificó durante buena
parte del siglo XV, y fue ampliada posteriormente añadiendo otros edificios,
como el cementerio.
La ermita posee una fachada neoclásica y un esbelto campanario. De su
antiguo retablo barroco obra de Jacinto Brull sólo restan cuatro interesantes
relieves, reflejo de las muchas vicisitudes por las que ha pasado el templo en
su devenir histórico.
En 1535 la ermita fue expoliada y destruida por los piratas turcos de Barbarroja.
Y pese al destrozo y la precaria situación de los habitantes de la isla,
los fieles consiguieron reconstruirla gracias a los donativos y limosnas.
El recinto tuvo otros usos a lo largo del siglo XVII, época de convulsiones
en Menorca, al servir de hospital militar para las escuadras inglesa, francesa
y española. Y en 1808 se convirtió por un tiempo en parque de artillería.
En 1934 un rayo derribó la cúpula del presbiterio y cuarteó gran
parte de los muros del edificio. Dos años más tarde la estatua
de la Virgen de Gracia desaparecería con el inicio de la Guerra Civil
española. Acabada la contienda, el escultor Waldemar Fenn reproduciría
la imagen.
Todo esto hace que la devoción de los maoneses por la Virgen de Gracia
tenga raíces muy profundas, especialmente entre los marineros, como queda
patente en el interior de la ermita. Uno de los exvotos más representativos
es el relacionado con los barcos.
Antiguamente, los marinos pedían protección a la Virgen de Gracia
del fuerte soplo de la tramuntana, y para ello dejaban una reproducción
de sus barcos. También llevaban cuadros que representaban sus bajeles,
algunos de los cuales siguen conservándose y cuelgan de las paredes del
recinto. Son curiosas las inscripciones que los acompañan, con el motivo
y la fecha en que se hizo el ofrecimiento.
La ermita se encuentra al sur de la ciudad de Maó, en dirección
a cala Sant Esteve. El 8 de septiembre se celebra en esta ciudad la fiesta patronal
de Nuestra Señora de Gracia.